Cuando la sostenibilidad es solo una etiqueta

En los últimos años, la sostenibilidad se ha convertido en un concepto omnipresente en el discurso turístico. Sin embargo, que se hable de ella no significa que se aplique. Muchos planes estratégicos, memorias de destinos y proyectos de digitalización incorporan la palabra “sostenible” como una condición estándar, sin revisar si lo que se propone realmente transforma la forma en que se relacionan los visitantes, el territorio y la comunidad.

Aplicar sostenibilidad no es añadir indicadores verdes ni reducir el consumo de papel. Es preguntarse, por ejemplo, si el modelo de gobernanza favorece decisiones con visión a largo plazo, si los datos que se recogen se traducen en ajustes operativos, o si los actores locales tienen un rol activo en el proceso. Si esas preguntas no están presentes desde el inicio, el resultado difícilmente será sostenible, por mucho que lo declaremos.

Desde la experiencia en destinos que han intentado (y en algunos casos logrado) incorporar un enfoque regenerativo real, sé que el problema no está en la falta de intención, sino en la ausencia de estructura. La sostenibilidad necesita método, prioridades claras y capacidad de implementación. Y eso solo se consigue con criterio técnico, acompañamiento político y liderazgo compartido.

Mientras la sostenibilidad siga tratándose como un valor decorativo, difícilmente pasará a ser una palanca de cambio. Y hasta que no asumamos que transformar implica renunciar a inercias cómodas, el turismo seguirá siendo parte del problema más que de la solución.

c9fead2ea380610c92c5868c5631faedea835ced